La calle Monroe en Passaic se ve vacía. Pocas personas caminan por sus aceras y dentro de los establecimientos comerciales se observan escasos clientes. Es un viernes por la tarde del mes de agosto y esta calle, que meses atrás era habitual encontrarla abarrotada de inmigrantes caminando y entrando a los múltiples negocios hispanos que cubren las veredas, ahora luce casi desierta.


